domingo, 8 de febrero de 2015

ADAPTACIÓN NORMATIVA

En numerosas ocasiones me encontré escuchando que la educación cultural en países como argentina tiene cierta capacidad muy afinada para el desarrollo, el superdesarrollo, de la destreza de adaptación a entornos cambiantes, inciertos, sorpresivos, inestables.
Está, por citar un caso, el ejemplo de aquel médico argentino brillante, que trabajaba en un superequipo, en un superhospital en un país del primer mundo, donde debían realizar una cirugía y súbitamente encuentran que faltaban esas botas descartables, casi de papel, que se usan en el quirófano. Todos el equipo entra en shock y se paraliza, y el médico argentino en cuestión tranquilamente agarra uno de los gorros que se usan en el quirófano y son del mismo material, se lo pone en el pie, se lo ata y voilá...ante la mirada atónita de los colegas, que un segundo después lo siguen en la práctica, y la cirugía se realiza normalmente.

Como sea, el tipo de adaptación que me ha estado llamando la atención últimamente es otro; uno que solemos mal-entender, y que bien podríamos llamar la "adaptación normativa".

Por supuesto, todo empieza con -y regresa a- la anomia. Pero creo que a veces no lo entendemos bien.

Ciertas comunidades han desarrollado funcionalmente un entorno cultural, social, de normas y reglas. En ese entorno, organizan, interpretan y comprenden sus interacciones por referencia a las normas y reglas. Ellas son un elemento fijo, un patrón, para la inteligibilidad -la decisión y la valoración- de las acciones de los participantes en la comunidad. No se trata, aclaro, de la tontera de decir que en tales comunidades "se cumplen las reglas". No, ese no es el punto, sino que acabo de mencionar, las normas son un patrón fijo de inteligibilidad, decisión y evaluación.
En tales comunidades hay fundamentalmente dos habilidades para las que eventualmente hay que estar preparados (a) saber vivir de acuerdo a las reglas y obtener lo que querés (b) saber violar algunas reglas y salirte con la tuya para obtener lo que querés. En el primer caso sos un ciudadanos promedio, ordinario que busca su felicidad en el marco de las normas; en el segundo sos un delincuente, ocasional o habitual que busca lo mismo por otro camino (el de la ilegalidad).
Eso es más o menos todo lo que hay. Y la energía cultural, educativa, institucional, está puesta en que eso sea, efectivamente, todo lo que haya.

Las reglas se cumplen más o menos, son mejores o peores (como dije), pero el punto es que hay reglas, normas, para todo, y ellas son el marco de referencia para la acción, las decisiones. La falta de normas, o la indeterminación de su sentido o alcance son insoportables para estas comunidades, son un problema del cual huyen...acudiendo a normas.

No es así la cosa en mi cultura. Pero la diferencia no es que aquí violemos más o menos las normas, como cierta retórica de café sobre la anomia suele repetir. De hecho, quienes quieran interpretar nuestro comportamiento social en base a las categorías (a) y (b) comete un error analítico (pues "a" y "b" sólo tienen sentido en el contexto de una comunidad donde las normas son patrón de referencia/inteligibilidad del comportamiento y solución de problemas). El resultado de aplicar esa matriz a mi cultura es que todos somos "delincuentes", claro, como si eso significara lo mismo que que significa en un país basado en la cultura de las normas. Y no es así.

La cosa es diferente en mi cultura, porque hemos desarrollado la "adaptación normativa". 

Estamos habituados y acostumbrados a hacer con las normas -de las normas, y a las normas- dos cosas que el modelo simple no capta, que las sociedades normativizadas desalientan y no cultivan, y que cambia radicalmente el espacio social.

La adaptación normativa tiene dos manifestaciones fundamentales.

Nosotros estamos adaptados para:

(a) actuar funcionalmente y obtener lo que queremos aún en un contextos en que no hay normas ni reglas que lo organicen. Somos (creemos que somos, al menos) bastante buenos en eso, valoramos esa capacidad.

Sabemos actuar cuando se acaban las normas, cuando no están...no esperamos a que vengan, casi que no las necesitamos...actuamos...

Un ejemplo típico es el comportamiento colectivo ante la ocurrencia de una tragedia como un incendio (cromagnon), un atentado (amia), etc. Cualquier hace lo que cree indicado, siguiendo su propio juicio, para ayudar a las víctimas y se crean dinámicas espontáneas, no coordinadas, anómicas, autogestionadas, de rescate...(ni hablar del ejemplo cuando una ambulancia debe avanzar por una avenida congestionada...no hay reglas, cada uno toma la decisión que le perece más efectiva, quien conduce la ambulancia va leyendo lo que las decisiones le ofrecen y así va....sin regla alguna...progresando).
Una consecuencia relevante de esta faceta de la adaptación normativa es que ella nos hace menos atractivo pagar el costo de crear reglas (para actuar entre tragedias, para organizar el paso de ambulancia, y para tantas cosas más).
No nos volvemos locos por no tener reglas ("están locos y no se dan cuenta" me dice un amigo, pero eso es otra cosa). 
Sabemos (creemos que sabemos) cómo operar en el contexto de inexistencia de reglas, estamos adaptados.
Ponernos a crear reglas comunes nos resulta mucho más costoso y mucho menos atractivo que a otras comunidades que carecen de esta capacidad adaptativa (o que se han horrorizado lo suficiente de lo que hicieron cuando no tuvieron reglas). 
"Nosotros estamos bien, nos las arreglamos bastante bien allí, y hemos desarrollado la habilidad para funcionar allí mejor que la habilidad de crear entornos normativos para nuestras interacciones" (claro que no sabemos ni evaluamos cuánta gente más se podría haber rescatado en cromagnon, o la amia, o cuántas ambulancias hubieran llegado a destino antes si tuviéramos un sistema de reglas para esas situaciones...).

La adaptación normativa tiene otra cara, aún más interesante y sofisticada.


(b) sabemos como obtener lo que queremos, reconfigurando el contenido de las reglas y su sentido, sin cambiar su apariencia, (o mantener intacto su contenido y sentido, cambiando su apariencia) sin más límite que la imaginación.
La otra dimensión de "adaptación normativa" que tenemos consiste en que, no sólo sabemos cómo vivir sin normas, sino que -más sofisticado aún- sabemos cómo vivir "a pesar de las normas", ablandándolas, atenuándolas en su rol de patrón, volviéndolas maleables y dóciles. 
No importa lo que digan las normas, importa lo que somos capaces de hacerles decir, y hemos desarrollado prácticas y destrezas por las cuales nos hemos dado la libertad de hacerles decir cualquier cosa.
Volver a las normas dóciles (domesticarlas), es algo que no tiene sentido en las comunidades normativizadas, pero es el estado típico de la mía.
Los filósofos del derecho, influidos por las construcciones teóricas anglosajonas, suelen repetir el canon típico del "problema" de la indeterminación del lenguaje del derecho, y del "problema" de la interpretación. Pues bien, para decirlo simple: esos asuntos (sólo) son un "problema" en una comunidad construida en la cultura de las normas. Y como son un problema, buscan soluciones (prácticas interpretativas), que en la mayor medida posible generan convergencia, y mantengan el vigor analítico del patrón. Los críticos resaltan que esta búsqueda es una esperanza analítica vana, o que encubre dinámicas de dominación política, etc. etc. pero todos buscan "soluciones" mejores para el problema.
 
Pero, gracias al desarrollo de nuestra habilidad de adaptación normativa, este asunto de la indeterminación no es un "problema", no es algo que queremos "solucionar", atenuar, minimizar; al contrario, estamos adaptados para buscar nuestro camino en esa amplia brecha de sentido. Es más, hacemos que esa brecha sea lo más amplia posible (incluso acercándose a la inexistencia de reglas), para respirar más cómodamente el aire normativo.

No tengo idea de las determinantes culturales, históricas, políticas, etc. que han dado lugar a esta fascinante habilidad de "adaptación normativa". Desconozco cómo fue que aprendimos a funcionar cuando no hay normas y volviéndolas dóciles. PERO LO HACEMOS.

Estamos adaptados a ello. Sabemos el costo que implica, lo pagamos. Es menor que el de transformar nuestra identidad cultural en un sentido desconocido, cuando ni siquiera sabemos cómo hacerlo.

No es la ilegalidad lo que nos mueve, nos fascina. No es que somos "una manga de ladrones del primero al último", en el sentido "fuerte" de "ladrones. Lo que somos es una comunidad con una muy funcional capacidad de adaptación normativa. Aprendimos a vivir sin normas y con normas domesticadas a nuestros intereses. 
Ni la existencia ni la inteligibilidad compartida de las normas son un  bien fundamental para nuestras interacciones; su carencia no es una tragedia que nos paralice, 
Y podrá venir cualquier noruego (o Nino) a decirnos que nuestra anomia es disfuncional, que es "boba". Y le diremos que tiene razón...pero luego agregaremos, "pero es lo que sabemos, lo que somos, estamos adaptados a esto".





9 comentarios:

  1. Hace años que intento mirar con optimismo ese componente de nuestra cultura que denominás muy lúcidamente adaptación normativa. Hace tiempo que intento descubrir su "intención positiva". A veces, veo creatividad, lucidez, genialidad en aquellos que la practican (para ver esto, confieso, me vuelvo un poco cínica). Y eso, creo, sería algo que ni el noruego ni Nino cuestionarían. Sin embargo, ese modo de ser que me permite conseguir lo que quiero, su ritmo, su manera de pensar las situaciones -adaptando la norma a la mismidad- y actuar, invisibiliza al otro.. Soy yo, luego la norma y viene el cinismo o la conciencia de que me quedo ciega y sola.. Cómo nos salvamos de eso? Me ayudás?

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    1. voy a desafiar el presupuesto de la pregunta.
      no, no y no.
      No es "conseguir lo que quiero" (individual, aislado, personal).
      Nop.
      Somos supersolidarios, supergenerosos, damos todo por el que tenemos al lado (es conseguir "lo que queremos", nosotros).
      No somo somos anómicos (cuando lo somos) por autointerés egoista; el otro no desaparece ni mucho menos.
      Esto lo sabía bien bohmer con su idea de los códigos sicilianos, o su ejemplo se fierro y cruz.
      Lo somos (anómicos), en la medida que lo somos, simplemente como una forma (la nuestra) de "ser con otros"...ser con otros...inventando el mundo en cada interacción, incluso, si es necesario.
      Cómo la ves?

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    2. El individualismo persiste.. sólo que lo trasladás a la construcción o definición de "nosotros" y "lo que queremos".. Ahora el "yo" se volvió aún más grande.. empoderaste aún más a nuestro pobre individualismo.. Qué hacemos ahora?

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    3. primero una pregunta: qué sería NO-individualismo entonces? (si este nosotros no lo és). Quiero decir, qué clase de existencia no indivualista ni gregaria estamos buscando?
      y si tuviera que responder a tu pregunta: pues no lo sé. Quiero decir, apenas alcanzo a comprender esta condición de nuestra existencia, solo puedo vivir "dentro de ella"; así que tal vez, la respuesta es "seguir viviendo, así, dentro de nosotros mismos, performar lo que entendemos que somos, realizarla,...y liberarnos de la ilusión de una existencia que nos es ajena y que tal vez no podemos más que concebir como literatura.

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    4. El no-individualismo lo buscamos a la hora de relacionarnos con las reglas.. hay un individualismo valioso, necesario, acordado, que es el de las acciones privadas, el individualismo ético.. claro está.
      Es gracioso porque yo veo ilusión en la existencia que describís como la "nuestra".. creer que uno puede construir el "nosotros" que quiera y adaptar las normas a ese nosotros es vivir en una ilusión.. porque, de hecho, somos más. Y ese que llamamos "otro" está ahí.. sufre o no, acuerda o no, etc nuestras adaptaciones normativas.. pero lo que sí está claro es que está ahí, me mira, me interpela en cada interacción y mi pregunta tiene más que ver con la posibilidad de hacer inteligible para ese "otro" mis adaptaciones normativas y justificarlas, es decir, como le explico a ese otro que mi adaptación normativa es una virtud -adaptación normativa que, estoy asumiendo, el otro (que bien podría ser yo) vive como violencia más o menos sutil, injusticia, etc-.
      Mi punto es que definir quiénes somos "nosotros" no es algo que pueda hacer en soledad (o, como está de moda, por cadena nacional).. ese individualismo tiene problemas. El "nosotros", en algún sentido, me trasciende, se me impone ante la presencia de todos los demás.. los que viven más allá, los que no son mis amigos, los que piensan diferente.. esos que no son tan cercanos, pero a los que le debo algo -respeto, explicaciones, etc- cada vez que despliego mis adaptaciones normativas ante una laguna o una norma que "nos" -a mi y a los míos- incomoda..
      Tu post apareció como un canto de optimismo que me invitó a bailar.. quizás haya muchas formas de existencia.. yo veo canciones en ti y tu ves literatura en mi.. Si lo que compartimos es algo real en mi y una ilusión para ti, sólo deseo que las ilusiones se hagan realidad!! Gracias por tanto!

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    5. ese tercer párrafo de tu comment...qué maravilloso es. Creo que ahí está todo. Y tal vez (sólo tal vez, pero quién sabe) hay una forma de explicarnos mutuamente, incluso siendo adaptados, que no es la de un pobre individualismo, ni una ilusa masa insulsa...sino efectivamente formas de la vida, que podemos tratar, actitudinalmente digo, de interpretar como valiosas...a pesar de todo. En fin, nada detendrá nuestra búsqueda, eso es seguro .

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    6. si si.. me encanta la idea! sigamos.. en algún café!

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  2. Sorprendente. Vayan mis felicitaciones.
    Alguna vez imaginé que éramos una manga de anarquistas, y que probablemente un sistema libertario (anarco liberalismo tal vez) sea una forma de gobierno mas adaptada a nuestra sociedad.

    Chofer fantasma

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    1. muy provocadora idea. Creo entender que el paraíso perdido de martín fierro bien se podría parecer a eso, no? y ahí estamos todavía, añorando esa edad dorada...puede ser que haya algo ahí. Salute.

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