miércoles, 28 de enero de 2015

FORMAS DE LA FELICIDAD: MARTÍN BÖHMER

Como seguramente saben, le debo mucho a Martín Böhmer. Seguro mucho más de lo que siquiera concientemente reconozco, claro.

En todo caso, a Martín Böhmer le debo visiones, emociones, aventuras, ilusiones, percepciones ubícuas.
También le debo conciencia, autocomprensión, ideas, energías, proyectos, realizaciones que enorgullecen.
Sin dudas le debo horas, caminos, lecturas. Acaso también cierto jugueteo descuidado con algunas pocas temeridades argumentales, retóricas.
Le debo explicaciones, preguntas, búsquedas, rectificaciones, perseverancias insensatas en lo valioso.
Debo a Martín Böhmer ciertas vanguardias, ciertas guías, generosas delicias, páginas cristalinas, frases prodigiosas, palabras imprescindibles, silencios generosos.
Mis deudas son innúmeras, inmemoriales ya son.

Pero hoy, justo ahora mismo, le debo algo nuevo.
Le debo un rescate, el mío.

Hoy le debo a Martín Böhmer el envío de esta liana colorida que eleva mi alma desde el pozo devastado en el que amaneció hace una semana ya, ante la muerte que profanó un tabú.

Hoy le debo esta forma inefable de felicidad, esta joya, esta gema que todo lo inunda de belleza, inclso hoy, incuso aquí, incluso a pesar de todo.

Y por eso, y por todo.
Gracias!

Hoy le debo esta spinetta que me hizo llegar.

https://www.youtube.com/watch?v=aadMxgmkWCw

Mítico show de 1980 en el Luna Park (él, solito, con la guitarra), en el contexto del aún más mítico festival BUE-1980, que nos traería la maravillosa y descomunal experiencia que fue The Weather Report (sí, Jaco, el amado Jaco, pisó estas calles).

Una hora de felicidad, una de las formas de la felicidad, gracias a Martín Böhmer.


1 comentario:

  1. Gracias, gracias a ud! Pasemos ahora, bajo la niebla del rubor, al punto del post:

    Yo tenía 16 y esas tres noches que compartimos con amigas y amigos las recuerdo borrosamente, salvo la noche del flaco. Todo era mucho: el virtuosismo de McLaughlin o de Stanley Clarke, el Luna lleno (un Luna que había sido bautizado por Adiós Sui Generis apenas cinco años antes) y en el que nos apiñábamos seguido para ver a Polifemo o a escuchar como los intransigentes silbaban a Gieco cuando intentó cantar alguna cosa de la Violeta. En ese marco, el flaco sube al escenario solo. El, su alma y la guitarrita. Me acuerdo de cómo sonó en mi estómago Barro Tal Vez y de cómo, con la exagerada pasión de un adolescente nos mirábamos con los ojos desorbitados y no lo podíamos creer. Después, el último día, desfallecimos ante Jaco. Pero a pesar de que sé ahora que lo de Weather debe haber sido increíble, de lo único que me acuerdo es de esa foto: el flaco, chiquito, sentado solo en el enorme escenario del Luna y de cómo de a poco, en efecto, ya me estaba volviendo canción.

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